Se ha pronosticado que la demanda mundial de agua excederá los recursos viables en un 40% en 2030, razón por la que hay que reconsiderar los enfoques tradicionales e ineficientes del consumo de agua y adoptar nuevas estrategias que posibilitan que este recurso vital sea reutilizado lo más posible, y conseguir normas eficientes para la gestión del agua.

En foros como Semana Mundial del Agua de 2014 organizada por el Instituto Internacional del Agua de Estocolmo, destacados expertos internacionales han debatido sobre la necesidad de un cambio de paradigma en el consumo de agua: pasar de una economía lineal a una economía circular, es decir una economía que por definición es reparadora y regenerativa.

Es evidente la necesidad de un «cambio de paradigma» en el sector del agua -pasando de patrones lineales tradicionales del consumo de agua («tomar, hacer, rechazar») a un enfoque de una economía circular en que las aguas residuales ya no son vistas como desechos, sino como un recurso valioso en el contexto de escasez de agua. Dado que el agua es el recurso más escaso en el mundo, y hay abundancia de aguas residuales, es inevitable su reutilización.